Anclado en la duda, y con esas ultimas palabras rebotando en el interior de mi cabeza, decido dirigirme otra vez hacia el edificio de la estación.
No me había tomado el tiempo de observar el aspecto de este lugar. No me había fijado en la humedad de las paredes, ni en el oxido que recubría cada una de las piezas metálicas que había en este sitio. Me llega una sensación de descuido y de olvido, que no corresponde con el tiempo que lleva el tren sin pasar. Quizás esta estación estaba abandonada antes, mucho antes, de lo que yo puedo pensar.
Por fin llego de nuevo al anden. Reposo un breve lapso de tiempo para intentar ordenar mis ideas. Todavía no comprendo como puedo tener esas llaves, todavía no entiendo como las puedo buscar, ni siquiera me atrevo a pensar que quizás no las voy a encontrar.
Entonces me decido a emprender una búsqueda por cada uno de los rincones de este lugar, decido comenzar por el interior del edificio. Cuando me vuelvo hacia el, todavía sentado en el banco, veo la oscuridad que rebosan sus ventanas. Un viento helado recorre mi espalda. ¿Sera frió? No, es miedo, simple miedo.
Me levanto y me acerco a la puerta principal. Una inmensa puerta de madera, de doble hoja, verde oscuro, de herrajes dorados, sin una sola filigrana tallada en la madera, que nos pudiera hacer pensar que esta puerta no tiene mas fin que impedirnos el paso. Y así lo hace. Porque esta cerrada como el ocre de un sobre.
Por mas que empujo y golpeo, esta terca doncella no me concede esperanza de apertura. Siquiera una brizna de movimiento. Jadeando y con las manos adormecidas por los golpes desisto de mi conquista, y decido intentarlo por las ventanas.
Cauteloso me acerco a la mas cercana de estas. El polvo acumulado en los cristales me hace dudar sobre la transparencia de estos. Con el lateral de mi mano aparto, de forma torpe, el polvo de una pequeña zona del cristal. En el contacto, me llama la atención el calor, que a través del vidrio, despide el interior del edificio. Así y aun con la respiración alterada por los esfuerzos anteriores, arrimo mis ojos al agujero que he fabricado.
No veo nada, solo negro. Negro de oscuridad, de vacío, de absoluta nada. Acerco mas mis ojos al cristal, intentando acostumbrarme a la falta de iluminación. Con mis manos intento crear una cortina para eliminar la mayor parte de luz posible. Acerco aun mas mi rostro al cristal.
De pronto aparece ante mi una mirada verde, inyectada en rojo.
...
lunes, 19 de noviembre de 2007
jueves, 8 de noviembre de 2007
Trabajo bajo presion.
De toda la vida he sido de aquellas personas de las que trabajan mejor bajo presión. Es conocida mi habilidad para estudiar exámenes en los tres días antes a la fecha del ejercicio (Con la incompresible coincidencia de los suspensos), mi tradicional velada de curro intenso la noche anterior al fin de plazo de entrega de un trabajo. Pero esto son vicios acumulados en mi vida como estudiante.
Ahora como becario investigador metido en diferentes regiones de este mundo de la nanociencia casi he aprendido que un poquito de planificación no viene nada mal. Aunque esto no excluya de cierta improvisación en muchos momentos.
Últimamente he descubierto que soy capaz de moverme con cierta fluidez en otros ámbitos donde también se trabaja en relativa presión ambiental. Y esto es curioso porque ni mucho menos me esperaba que esto fuera a ser así. A lo peor la edad me esta endureciendo.
Llegando hasta aquí, pensareis que sentido tiene esto.
Pues la verdad no lo se muy bien. Quizás sea que la época del transito me esta llevando a hacer cosas que antes ni siquiera me plantearia, cosas que en ningún caso pensé que sucedieran, y en las que sin embargo, parece que me divierto. Quizás no sea mas que pensar, que si en tu vida aparece un puerta por lo menos abre un poquito para echarle un ojo. Ya decidiras si quieres atravesarla.
Ahora como becario investigador metido en diferentes regiones de este mundo de la nanociencia casi he aprendido que un poquito de planificación no viene nada mal. Aunque esto no excluya de cierta improvisación en muchos momentos.
Últimamente he descubierto que soy capaz de moverme con cierta fluidez en otros ámbitos donde también se trabaja en relativa presión ambiental. Y esto es curioso porque ni mucho menos me esperaba que esto fuera a ser así. A lo peor la edad me esta endureciendo.
Llegando hasta aquí, pensareis que sentido tiene esto.
Pues la verdad no lo se muy bien. Quizás sea que la época del transito me esta llevando a hacer cosas que antes ni siquiera me plantearia, cosas que en ningún caso pensé que sucedieran, y en las que sin embargo, parece que me divierto. Quizás no sea mas que pensar, que si en tu vida aparece un puerta por lo menos abre un poquito para echarle un ojo. Ya decidiras si quieres atravesarla.
martes, 6 de noviembre de 2007
Plain White T's
Pocas veces escuchas una canción y desde los primeros acordes sabes que te va a gustar. Este " Hey There Delilah" de Plain White T's es una de esas canciones que te empapa por dentro y que, por lo menos yo, no te canso de escuchar. Os dejo el vídeo y si queréis también la letra Disfrutadla.
jueves, 25 de octubre de 2007
Tránsitos (III)
Largo tiempo llevo en esta estación. El silencio, del que ya os hable, aun sigue inundandolo todo. Apenas se escucha un lejano latido.
Hace mucho que no pasa tren alguno. No entiendo el porque. Esta era una estación transitada no hace mucho. Solo pasaba un tren, pero lo hacia a diario, puntual y abarrotado. Cierto día comenzó a retrasarse, cierto día dejo de pasar. Desde entonces estoy aquí.
Intrigado por la ausencia de trenes me encamino hacia el final del anden. Una larga tarima de piedra, tan fría como manda la ausencia.
Muchos pasos después encuentro el final. No alcanzo a ver nada extraño. Bueno, nada mas extraño, que lo propiamente extraño de esta extraña situación. Pasados unos momentos de observación, alargo la vista en dirección a las vías, hasta que logro alcanzar la silueta de ¿Una persona?
Sorprendido. Me encamino raudo hacia allí.
Rápidamente doy alcance al desconocido. Observo lo que hace, y de aquí me explico la ausencia de los trenes.
De manera paulatina y meticulosa se dedica a cerrar con barreras cada una de las vías que dan acceso a la estación. En cada una el proceso es el mismo, lentamente desde uno de los lados baja una barra de solido metal. Una vez ha posado, se dirige al otro extremo y cierra un inmenso candado.
Miro atónito su proceso, lo realiza de una manera mecánica, prácticamente obsesiva. Cuando por fin acaba su trabajo decido acercarme para hablar con el. Antes de comenzar a andar, sin darme cuenta, ya lo tengo enfrente mio. En la cercanía, descubro lo extrañamente parecido que es a mi. Y le pregunto:
-¿Por qué pones las barreras? Así no vendrá ningún tren.
Mirándome fijamente me dice:
- Las barreras son protección. No debes quitarlas. Es peligroso.
- Peligroso ¿Por qué?¿Que hay mas allá que deba temer?
- Eso no lo se, pero es lo mismo que trajo aquí.
Después de decir esto, me da la espalda y se aleja. entonces le grito:
- ¡Abre las barreras! Nunca podre salir de aqui.
- Saldrás cuando lo desees. - Me contesta airado.
- ¿Como? Si no tengo la llave de los candados.
Según acabo la frase, se vuelve y me espeta:
- Eso es mentira. La llave siempre la has tenido tu, desde hace largo tiempo.
Inmediatamente busco en mis bolsillos. Y no encuentro nada. Me aseguro, y tampoco hay nada. Levanto la cabeza para buscar a mi interlocutor, y no había nadie.
Hace mucho que no pasa tren alguno. No entiendo el porque. Esta era una estación transitada no hace mucho. Solo pasaba un tren, pero lo hacia a diario, puntual y abarrotado. Cierto día comenzó a retrasarse, cierto día dejo de pasar. Desde entonces estoy aquí.
Intrigado por la ausencia de trenes me encamino hacia el final del anden. Una larga tarima de piedra, tan fría como manda la ausencia.
Muchos pasos después encuentro el final. No alcanzo a ver nada extraño. Bueno, nada mas extraño, que lo propiamente extraño de esta extraña situación. Pasados unos momentos de observación, alargo la vista en dirección a las vías, hasta que logro alcanzar la silueta de ¿Una persona?
Sorprendido. Me encamino raudo hacia allí.
Rápidamente doy alcance al desconocido. Observo lo que hace, y de aquí me explico la ausencia de los trenes.
De manera paulatina y meticulosa se dedica a cerrar con barreras cada una de las vías que dan acceso a la estación. En cada una el proceso es el mismo, lentamente desde uno de los lados baja una barra de solido metal. Una vez ha posado, se dirige al otro extremo y cierra un inmenso candado.
Miro atónito su proceso, lo realiza de una manera mecánica, prácticamente obsesiva. Cuando por fin acaba su trabajo decido acercarme para hablar con el. Antes de comenzar a andar, sin darme cuenta, ya lo tengo enfrente mio. En la cercanía, descubro lo extrañamente parecido que es a mi. Y le pregunto:
-¿Por qué pones las barreras? Así no vendrá ningún tren.
Mirándome fijamente me dice:
- Las barreras son protección. No debes quitarlas. Es peligroso.
- Peligroso ¿Por qué?¿Que hay mas allá que deba temer?
- Eso no lo se, pero es lo mismo que trajo aquí.
Después de decir esto, me da la espalda y se aleja. entonces le grito:
- ¡Abre las barreras! Nunca podre salir de aqui.
- Saldrás cuando lo desees. - Me contesta airado.
- ¿Como? Si no tengo la llave de los candados.
Según acabo la frase, se vuelve y me espeta:
- Eso es mentira. La llave siempre la has tenido tu, desde hace largo tiempo.
Inmediatamente busco en mis bolsillos. Y no encuentro nada. Me aseguro, y tampoco hay nada. Levanto la cabeza para buscar a mi interlocutor, y no había nadie.
martes, 23 de octubre de 2007
El año que solo tuvo otoño.
Si me miras las manos. Veras que tiemblan. Te diré que por el frío. Y sabrás que te miento.
Mírame la palma de las manos. Y veras que no hay lineas. Me las quito un ladrón, un ladrón de tiempo.
Ahora mírame a los ojos. Veras que los cierro, pensaras que no te miro, y sin embargo te observo.
Pensaras que estoy lejos, y aun así tengo un espacio que te resulta molesto. Porque aunque me aparte, se que estoy en medio. Porque aunque me vaya, siempre me encuentro volviendo.
Esto me sucede en el año sin verano, ni invierno. En el año donde donde todo se tiño del marrón de la hojarasca, del gris del cielo. Allá donde los arboles sienten frió, por las hojas que perdieron. Allí me encuentro. Esperando a que reviente la primavera que llevo dentro.
Pronto pasara este año sin verano, ni invierno.
Mírame la palma de las manos. Y veras que no hay lineas. Me las quito un ladrón, un ladrón de tiempo.
Ahora mírame a los ojos. Veras que los cierro, pensaras que no te miro, y sin embargo te observo.
Pensaras que estoy lejos, y aun así tengo un espacio que te resulta molesto. Porque aunque me aparte, se que estoy en medio. Porque aunque me vaya, siempre me encuentro volviendo.
Esto me sucede en el año sin verano, ni invierno. En el año donde donde todo se tiño del marrón de la hojarasca, del gris del cielo. Allá donde los arboles sienten frió, por las hojas que perdieron. Allí me encuentro. Esperando a que reviente la primavera que llevo dentro.
Pronto pasara este año sin verano, ni invierno.
martes, 9 de octubre de 2007
Ciudad calor.
Me contaron una vez de una ciudad cuyos habitantes prácticamente carecían de sentidos. Ni veían, ni olían, ni por supuesto oían. Dependían absolutamente del tacto para comunicarse.
La vida era complicada en esta ciudad. Comprended lo difícil que es saber que una cosa es bonita solo por el tacto. Sin embargo la evolución les guardo una preciosa forma de comunicación: El calor.
Ante la ausencia de información era de necesidad imperiosa hallar alguna forma para discernir entre lo inerte y lo vivo, y ellos aprendieron a entender el calor. Al principio fue complicado diferenciar las piedras calientes por el sol, de las personas.
Pero solo era cuestión de tiempo, y una vez adquirida la habilidad fue sencillo comprender cual era la procedencia de cada sensación. Con ello ademas descubrieron que no había posibilidad de mentira.
Así aprendieron a alejarse del fuego de la ira. A reconocer a los amigos por la llama de sus manos. A disfrutar del agradable calentamiento de una chaqueta prestada. Al calmo bochorno que produce el beso de una madre. A diferenciar entre el calor del corazón, del calor que no es del corazón.
Me pregunto que encontraría en nosotros un habitante de esta ciudad tan especial. La verdad, no tengo ni idea de lo que encontraría en mi.
Me parece que buscare en el mapa el lugar donde se esconde este lugar, así que me enseñen a diferenciar entre lo que es calor, y lo que es el frió mas absoluto que nadie ha conocido.
La vida era complicada en esta ciudad. Comprended lo difícil que es saber que una cosa es bonita solo por el tacto. Sin embargo la evolución les guardo una preciosa forma de comunicación: El calor.
Ante la ausencia de información era de necesidad imperiosa hallar alguna forma para discernir entre lo inerte y lo vivo, y ellos aprendieron a entender el calor. Al principio fue complicado diferenciar las piedras calientes por el sol, de las personas.
Pero solo era cuestión de tiempo, y una vez adquirida la habilidad fue sencillo comprender cual era la procedencia de cada sensación. Con ello ademas descubrieron que no había posibilidad de mentira.
Así aprendieron a alejarse del fuego de la ira. A reconocer a los amigos por la llama de sus manos. A disfrutar del agradable calentamiento de una chaqueta prestada. Al calmo bochorno que produce el beso de una madre. A diferenciar entre el calor del corazón, del calor que no es del corazón.
Me pregunto que encontraría en nosotros un habitante de esta ciudad tan especial. La verdad, no tengo ni idea de lo que encontraría en mi.
Me parece que buscare en el mapa el lugar donde se esconde este lugar, así que me enseñen a diferenciar entre lo que es calor, y lo que es el frió mas absoluto que nadie ha conocido.
domingo, 30 de septiembre de 2007
3 horas 59 minutos y 45 segundos
Ayer me acostaba con una meta, acabar, y con un sueño bajar de las cuatro horas en la 1º marathon de Zaragoza. Hoy me acuesto con un reto realizado, una experiencia que contar y un corazón lleno de orgullo.
Lo he hecho. Ahora os podría contar como ha sido la carrera, como se han parado mis piernas doscientos metros antes de llegar, justo a ver la meta. No por cansancio, que lo había, sino por el hecho de saber que había llegado hasta allí.
Mejor os cuento lo mejor que me ha quedado de esto. Como las canciones que me habéis mandado, el tiempo que os costado dar con ellas (Que bien han venido. Ese mohicano.) Las palabras de animo, y los cuidados que he recibido estos últimos días. Los primeros cinco kilómetros con mi primico Alfredo. Los gritos en el camino. Las asistencias de mi tata y Marci (Que grandes, muy grandes). Mi madre viéndome correr. A Beica corriendo conmigo. Los últimos cinco kilómetros con TODOS vosotros. Tantas cosas, y tantas que me dejo.
Hoy para mi es un dia grande. Un dia que contare durante años, muchos años. Hoy es el dia en el que corri una marathon.
Gracias.
Lo he hecho. Ahora os podría contar como ha sido la carrera, como se han parado mis piernas doscientos metros antes de llegar, justo a ver la meta. No por cansancio, que lo había, sino por el hecho de saber que había llegado hasta allí.
Mejor os cuento lo mejor que me ha quedado de esto. Como las canciones que me habéis mandado, el tiempo que os costado dar con ellas (Que bien han venido. Ese mohicano.) Las palabras de animo, y los cuidados que he recibido estos últimos días. Los primeros cinco kilómetros con mi primico Alfredo. Los gritos en el camino. Las asistencias de mi tata y Marci (Que grandes, muy grandes). Mi madre viéndome correr. A Beica corriendo conmigo. Los últimos cinco kilómetros con TODOS vosotros. Tantas cosas, y tantas que me dejo.
Hoy para mi es un dia grande. Un dia que contare durante años, muchos años. Hoy es el dia en el que corri una marathon.
Gracias.
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